Representación pública
La ficcion había muerto. Sus creadores y demás agregados culturales se repartían la herencia a dentelladas, sin permiso, peleando salvajemente por la copia de trozo de sangre seca más generosa, más cara, más. Todos querían salir en fotos de colores sin pagar un duro. El público y el político estaban aún más felices con esta nueva ficción que se había producido, que sí estaba mucho más cerca de la realidad, la vagancia y el asco por desagradable que sea el hiperrealismo. Sin embargo, no era ficción, y ni la sangre, se escapaba sin necesidad de 3d en las salas vacías de representación pública o humana…
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enero 5, 2012 a 7:23 pm
Muy anguloso y sufriente. Creí que nunca diría esto, Miguel, pero echo de menos uno de tus relatos de desenfreno sexual.
enero 6, 2012 a 4:56 pm
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