Final

Posted in Sangría Francesa with tags , , , on junio 6, 2012 by Miguel Pérez

Dejo de escribir. Gracias por leerme. ¡Hasta siempre!

La pecera de Eva

Posted in Sangría Francesa with tags , , on mayo 8, 2012 by Miguel Pérez

Manejar la honestidad no era tarea fácil. Aquellos años eran confusos, como cuando el paisaje se emborrona con las nubes cuando miras por la ventana de un avión rumbo a una isla. Las nuevas formas de hacer literatura y de expresarse en general mantuvieron durante décadas confundidos a todos los humanos. La gente no encontraba tranquilidad, y la música no encontraba el espacio en el tiempo, sólo se usaba de fondo para follar y poco más. El mundo estaba preocupado por la moneda de cambio, por la última generación de condones, y el no pararse a despreocuparse de todo fue su máximo error. La gente comenzó a trepar, a cambiar verbos, adjetivos, y tonalidades de sangre, a no olvidar. Los compases se confundían, y ya solamente valía la mentira, estábamos tan cansados que averiguar si se usaba o no la verdad era una actividad tediosa destinada para estúpidos. Nada era igual sin Eva, la echábamos de menos. La fruta y los zumos estaban preparados, pero Eva, nada va a ser igual sin ti. Nos acostumbramos a los manjares de la vida en tu compañía, y este espacio se hace pequeño, distinto, y complicado sin ti. Te mando una flor dibujada en tu cuerpo, allá donde estés. Sólo deseo que sigas vibrando, con la misma intensidad que cuando te conocí…

Amo a todas las personas que canturrean canciones de Radiohead

Posted in Sangría Francesa with tags , , on abril 19, 2012 by Miguel Pérez

Amo a todas las personas que canturrean canciones de Radiohead.

Fábula

Posted in Sangría Francesa with tags , , on abril 13, 2012 by Miguel Pérez

Eva se negaba a aceptar la realidad. Cogió su bicicleta y pedaleó hasta llegar a casa de Estefanía para hacerle el amor. No había abierto la puerta cuando las lenguas de ambas se estrangularon buscando la libertad, manchando de líquidos sus miradas, empapando de resignación aquel momento en el que la humanidad decidió abrazarse para que la naturaleza desatara todo su descontento. Los labios de Eva y Estefanía se mordieron para siempre.

Amor libre

Posted in Sangría Francesa with tags , , on marzo 26, 2012 by Miguel Pérez

Gladys había dejado bien marcados sus pezones en la camiseta roja. El alcalde la abrazó fuertemente, hasta que la sangre se confundía con toda clase de sentimientos…

Enfermedad incurable

Posted in Sangría Francesa with tags , , on febrero 16, 2012 by Miguel Pérez

El gobierno dictaminó quiénes ejercerían como profesores y quiénes como médicos. Después, el mismo gobierno les anuló toda clase de decisiones laborales alegando poca comprensión, haciendo de la educación y la sanidad entonces la sombra enorme de una pantomima gratuita en aparente contradicción en contra de la multitud, a la que ya ni enseñaba, ni curaba, porque aprendió que por encima de todo estaba la comprensión. Con lo que no contaba el gobierno es que a veces alimentar sin educar puede salirte caro, y llenarte de enfermedades. La multitud engordó hasta explotar como explota un iPad por los aires, todavía sin comprender -porque nadie pudo educarles ni tratarles la enfermedad- qué pasó en todo ese tiempo.

“Las botas llenas de mierda” (La cabra)

Posted in Sangría Francesa with tags , , on febrero 9, 2012 by Miguel Pérez

Mario estaba cansado de mancharse de tierra. Aquellos días eran tan sucios e incómodos para Mario, que no estaba acostumbrado a tragar azarosamente lo que vaga por el aire desordenadamente, que Mario ahogado de tanta naturaleza junta, de su tanto estómago convertido en un temporal de siroco infinito, el piano tragado por la tierra y las olas del mar en un nudo e intestinos parados como estatuas del tanto miedo al desaliento. De la música del corazón de Mario sólo quedaba tierra instalada en las esquinas, el montón que entra diariamente en la su alma ya de tierra seca que se agolpa en montones de sentimientos que no puede descifrar ya Mario, que con la tanta tierra en los ojos que ya no puede ver ni el sonido de la su mirada misma, comprender si acaso el tan sólo sonido del brillo de la su alma envuelta en arena, que de su piano de arena que dejó de respirar sin avisar. Mario prepara café para comprender entonces la tarde, mira de nuevo los recortes de prensa colgados en la red recordando los años de música, pero el bote de café sólo contiene tierra húmeda y restos secos de tabaco francés de alguna turista, cuando el corazón de Mario se detiene un instante. Mario se asusta y corre a por sus pastillas a la otra habitación y un golpe de suerte salva la vida de Mario, el tiempo salva a Mario nuevamente, que está ahora sentado en la única terraza donde aún no ha llegado nadie, donde todavía se puede divisar la noche tranquilamente sin forasteros ni vecinos, donde dejarse azotar por el viento y sentir el calor del café con los golpes de humedad es como si hasta la noche se empapara de lágrimas sin previo aviso contigo, las luces llorando de los barcos, empapándolo todo de tristeza con el viento, que cerrando todas las puertas fuertemente con la ira y el desdén que sólo la naturaleza es capaz de proponer cuando Mario menos lo espera.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 536 seguidores